jueves, 24 de febrero de 2011

Terminar un libro.

Podría escribir una de mis largas peroratas para describir lo que siento en un momento así pero tendría poco sentido: hoy opto por la simpleza y la brevedad. Siento que no tengo la habilidad literaria para transmitir las sensaciones que me embargan cuando termino un libro, pero eso no evitará que lo intente.

Terminar un libro es un pequeño duelo cotidiano. Si bien no implica necesariamente dolor, suele ser un hecho emotivo que termina por ser  parte recurrente de la vida de un lector empedernido. Es el duelo de pasar de un mundo ideal a otro real en menos de un instante. Porque hay ocasiones en las que vemos venir el final, otras en que la encuaderación nos engaña y nos cae en forma repentina. Sea como sea implica muchas cosas: despedirse de los personajes,del ambiente, de la trama y volver a nuestras vidas. 

No se si  hay relación precisa entre la longitud del texto y la sensación de pérdida que me genera. Parece lógico pensar que nos duele mas separarnos de un libro que nos  ha acompañado por más tiempo, pero ignoro si la lógica tiene influencia en este mundo en el que hay pequeños grandes libros. Eso si, puedo asegurar que dura es la separación cuando sabemos que culminamos la obra de un escritor fallecido, o la saga de un personaje. Nunca olvidare el dia que termine de leer el señor de los anillos y supe que no quedaba mas mundo de Tolkien para seguir recorriendo,  y acabo de terminar con Sherlock Holmes.

El final a veces nos deja desencajados, otras simplemente reflexivos, pero siempre es como ir al cine: a la salida uno se siente extraño. cuesta reacomodarse. Pasado el momentito de duelo emerge la enseñanza o el efecto de la historia que hemos leído ¡Qué grandes sensaciones se pueden generar en este momento! Es un gran estimulo para el intelecto. Recuerdo  haber continuado la historia en mi mente, haberme entristecido por el destino de mi héroe y otras veces enfurecerme con el escritor por no revelarme sus designios... Pero lo que más rescato es una leve sensación de plenitud, más  gratificante que la que cualquier placer mundano que quien suscribe haya conocido nos pueda regalar... 



2 comentarios:

Parlanchín dijo...

Me parece muy interesante tu reflexión. A mi me pasa, cuando leo un buen libro, que deseo con ansias llegar al final para poder abarcarlo todo y a medida que éste se aproxima deseo que se vaya estirando y al final me queda un dejo de tristeza. Pero siempre queda el consuelo de saber que hay nuevos mundos por descubrir en cada nuevo libro que iniciamos...

Mr. Dupin dijo...

Eso es lo bueno, siempre habrá nuevos mundos... Gracias por tu comentario, un saludo!!!

Sigue el camino de Mr. Dupin

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